Autor: Consejo Europeo de Información sobre Alimentación EUFIC.
Fecha artículo:
05/03/2010
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Combatir el estrés a través de la alimentación
Aunque la clave para combatir el estrés se basa en descubrir su origen y encontrar
el modo de reducir su causa o de vivir con ella, una alimentación saludable
y regular puede contribuir a que el organismo venza, por lo menos, algunos de
sus efectos negativos.
Independientemente de que la fuente de estrés sea física o emocional, el organismo
reacciona bombeando adrenalina, una hormona que a su vez desencadena
toda una serie de respuestas hormonales y nerviosas por todo el organismo
que nos preparan para la lucha o la huida.
A pesar de que la mayoría del estrés que sufrimos hoy en día
no requiere una respuesta física rápida, nuestro cuerpo
sigue reaccionando de esta forma anticuada. Desde el primer segundo
de ansiedad, el ritmo cardiaco se acelera, la visión se agudiza
y se desvía sangre a los músculos, al tiempo que se espesa, anticipando
la curación de heridas.
El estrés físico, para el que estas reacciones resultan especialmente
útiles, es por lo general pasajero; tras él, los niveles hormonales vuelven
a la normalidad y el sistema nervioso recobra un estado de menor alerta. En
ocasiones, el estilo de vida actual lleva a un estrés mental de larga
duración, que puede hacer que el organismo se encuentre en un estado
de reacción al estrés durante periodos prolongados.
Bajo presión
No se conocen todos los efectos del estrés en las necesidades nutricionales,
pero se sabe que bajo estas circunstancias, el metabolismo del organismo puede
estar sometido a gran presión. Este estado puede tener repercusiones en el sistema
inmunitario; disminuyen nuestras defensas y somos más vulnerables
a contraer infecciones o enfermedades.
Para producir adrenalina, se necesita vitamina C. Cuando los
niveles de adrenalina se elevan durante largos periodos de estrés, se requiere
una mayor cantidad de vitamina C. Casi todos los animales pueden incrementar
su propia síntesis de dicha vitamina para hacer frente a una mayor demanda.
Por ejemplo, las cabras son capaces de aumentar la producción de vitamina C en un 500 %.
Desgraciadamente, el hombre solo puede obtener este nutriente
esencial a través de la dieta. Si esto no se logra, mediante la ingesta
de alimentos ricos en vitamina C como las naranjas, el kiwi, las frutas
del bosque, los pimientos, las patatas y el brécol, el organismo, y en especial
el sistema inmunitario, puede sufrir una deficiencia de dicha sustancia.
Los estudios revelan asimismo que la carencia de vitamina C reduce
la actividad de los macrófagos, células inmunitarias que se comen
literalmente a las bacterias y los virus invasores. Una menor cantidad de
macrófagos aumenta nuestra propensión a contraer resfriados y gripe,
lo cual, a su vez, contribuye a agotar nuestras reservas de vitamina C.
Cuando nos exponemos a largos periodos de estrés es conveniente reforzar
el sistema inmunitario tomando grandes cantidades de alimentos ricos en beta-caroteno
(precursor de la vitamina A) como zanahorias, verduras de color verde oscuro
y frutas de color amarillo y naranja.
El consumo regular de las vitaminas C y A, junto al de ácido
fólico y zinc, es vital para el funcionamiento adecuado del
sistema inmunitario. El ácido fólico se encuentra en las judías de careta,
las espinacas y otras verduras de hoja verde, mientras que los alimentos ricos
en zinc son la carne de cangrejo, las ostras, el germen de trigo, el hígado,
las semillas de calabaza y la carne roja.
El poder de las proteínas
Las necesidades proteicas del organismo también pueden aumentar
en situaciones de estrés permanente. En tales circunstancias, es especialmente
importante incluir en nuestra dieta pescado, pollo, pavo, carne roja
magra, huevos, leche o judías. Una dieta pobre en proteínas puede reducir
de forma considerable las defensas inmunitarias y la capacidad de combatir
las infecciones. El pescado azul, como el salmón, la trucha, el atún
y las sardinas, resulta especialmente apropiado, ya que también proporciona
grasas esenciales capaces de fluidificar la sangre. De este modo, se
contrarrestan las propiedades espesantes de la adrenalina.
Una alimentación que ayude a combatir el estrés consiste,
simplemente, en una dieta sana y equilibrada en la que se seleccionan
los alimentos adecuados. El ejercicio regular es también importante
ya que estimula la producción de endorfinas (sustancias naturales que
hacen que estemos de buen humor) y mejora la forma física. Aquellas personas
que están bajo un estrés constante deberían plantearse cambiar su estilo
de vida o buscar ayuda profesional.
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