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Bajar el colesterol reduciendo las grasas

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Hay quienes dicen no lograr controlar el colesterol a pesar de intentarlo todo. Y en muchas ocasiones ocurre porque no se tienen en cuenta algunos alimentos que parecen inofensivos pero están cargados de grasa.

Alimentos trampa

Todos sabemos que alimentos como las carnes rojas, los embutidos, las mantequillas o los quesos curados, son muy ricos en grasas saturadas, pero no siempre somos tan conscientes de la cantidad que llevan añadida otros muchos productos que también las contienen:

Vigila los procesados… Como norma, la mayoría de los alimentos procesados (pizzas, salchichas, hamburguesas, bollería, etc.) con-tienen una alta cantidad de grasas malas (eso los hace más sabrosos).

Y los “inocentes” snacks. A pesar de su aspecto ligero y pequeño tamaño, los snacks o aperitivos salados esconden una elevada cantidad de grasa (saturada y trans). Estos productos pueden aportar desde 450 hasta 540 kcal por cada 100 gramos. Por tanto, es muy importante que te aficiones a leer las etiquetas de todos los productos industriales.

Ojo con lo light

Pueden tener grasas. Aunque sean “bajos en grasa”, no quiere decir que “carezcan” de este nutriente. Simplemente su aporte graso y calórico, es inferior respecto al original.

Fíjate en los ingredientes que se indican en las etiquetas. Presta atención a la cantidad de grasas saturadas que aporta, pero también a la de azúcares, que favorecen la obesidad.

Bajar el colesterol

Dónde están las grasas saturadas y por qué limitarlas

Saber cómo afecta el consumo de este tipo de grasas que no te convienen y en qué alimentos se esconden es el primer paso para poder evitarlas:

Las grasas saturadas

Si te excedes con ellas, producen un aumento de los niveles de colesterol LDL (el malo) de la sangre y, por tanto, favorecen el desarrollo de aterosclerosis. Además, su exceso conduce directamente a la obesidad.

Están en mantequilla, nata, carnes, embutidos, huevos y lácteos enteros. Y en los aceites vegetales de coco y palma.

Las grasas trans

Actúan de una forma similar a las grasas saturadas, por lo que también aumentan los niveles de colesterol LDL y por eso son dañinas para la salud cardiovascular.

Están en alimentos industrializados, fritos, platos precocinados y bollería y pastelería industrial. En las etiquetas se indica como “grasa vegetal hidrogenada”.

Forma parte de las membranas celulares y es el precursor de las sales biliares y de la síntesis de las hormonas esteroideas y vitamina D. Su exceso contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.